De muros y papeletas

De muros y papeletas
GLORIA PÉREZ DE COLOSIA GARRUCHA

Recuerdo vívidamente mi primer contacto con el tema del nacionalismo, cuando en algún momento de mi segundo año de carrera el Senado aprobó una proposición de ley por la que las provincias de Gerona y de Lérida pasaron a denominarse oficialmente Girona y Lleida, alegando las razones de tradición histórica, cultural y literaria de ambos territorios. Yo estudiaba en la facultad de Derecho y era el año 92, el mismo que el mundial de Cobi y la expo de Sevilla, sí, aquel año. Recuerdo con nitidez que pensé “si en España a Lérida se le ha de llamar Lleida y a Gerona Girona, por ser este su nombre en catalán, debería por la misma razón decirse London en lugar de Londres o Россия en lugar de Rusia”. Sé que pensé eso, sin llegar a ninguna conclusión, solo eso, y así se lo cuento. Si quieren analicen mi pensamiento.

En estos días, y con bastantes años más, mis pensamientos giran de manera parecida. Y digo giran, porque tengo que reconocer que no mantienen una trayectoria lineal, con principio y fin, sino que giran sobre sí mismos, elaborando una teoría sobre por qué está ocurriendo esto, y cuando estoy a punto de alcanzarla, se escapan y vuelven al punto de partida. Y es que realmente hay algo en todo esto que se me escapa.

No es el fondo del asunto, que sin ser politóloga, Dios me libre, veo que es un tema con suficiente trayectoria histórica y problemática envergadura como para sentarse a hablarlo y en su caso, si es constitucional, decidir democráticamente los españoles si Catalunya deja de formar parte de España, y si no lo es, plantear una reforma de la constitución para que lo sea. Sí, una reforma de esa constitución ya casi cuarentona, lo que en ningún caso sería pecado mortal.

Lo que se me escapa y no llego a comprender es el empecinamiento en llevar esto a cabo y seguir con ello, obviando las nefastas consecuencias que todo está teniendo. Son ya casi 800 las empresas que han abandonado territorio catalán, bien sea a nivel fiscal o social y el turismo ha caído en un 15% en solo unos días. Los daños económicos son feroces pero la quiebra social y los venideros tiempos de disputas entre familias y amigos de toda la vida serán irreparables.

Hay quien me ha dicho que olvido lo importante, que lo importante era defender ese derecho a votar, derecho que por otra parte, y planteado del modo que se ha hecho, yo no he encontrado recogido en ningún norma. Lo siento, no encuentro sentido ni responsabilidad a que un dirigente político arrastre a sus ciudadanos a este quebroso desastre, además, debo decir, de lo bochornoso que está resultando este espectáculo que recuerda a Pepe Gotera y Otilio.

Entonces, si a nivel político se conocía de antemano cuál era la situación respecto al referéndum y su total invalidez (además de ilegal y sus consecuencias), y a nivel económico era de prever estos resultados, ¿cuál es el objetivo?, ¿será acaso producir esa quiebra social entre familias y amigos?, ¿debilitar la ciudadanía?, ¿la aplicación del divide y vencerás que ya decía Julio Cesar y adoptó Maquiavelo?. Piénsenlo ustedes, porque algo sí está claro y es que, según pasan los días, los bandos se hacen más extremos, defendiendo, unos y otros, posturas que empiezan a ser irreconciliables además de insostenibles, llegando al absurdo que tanto nos gusta de volvernos loritos, repetir lo escuchado y ya si eso, dejar de pensar por nosotros mismos, que es más cómodo y más fácil.

Y mientras tanto en Murcia quieren levantar un muro que separará a ciudad en dos. La razón: la entrada del AVE. ¿Alguien les escucha? ¿Alguien les ve? ¿Alguien les hace caso? Lo que está ocurriendo en Murcia es mucho más real y preocupante que el descerebrado espectáculo de Catalunya, pero esta es el cuarto poder que tenemos, que decide lo que debemos ver, saber y pensar. Y esto es lo que hay mientras no lo cambiemos.

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