Manos del ginecólogo Blas Carrillo, fallecido ayer en la localidad almeriense de Turre. / Ginés Artero

Las manos de Galeno

«Se nos ha ido por esta maldita pandemia y nos va costar comprenderlo, él aún quería darle más a Turre y, sobre todo, nos ha dejado huérfanos de tanta sabiduría»

GINÉS ARTERO GONZÁLEZ Turre

A finales de junio de 2016 tomé una fotografía que sabía que era distinta, por su sencillez y por el calor que despertaba, eran las manos del médico que alumbró a tanta gente en nuestra tierra. No hay instrumento más humilde para un ginecólogo que sus manos, pues son el primer tacto que generaciones y generaciones sintieron en este mundo, son la primera caricia y el primer cachetazo, esas manos eran la vida.

Recuerdo que habíamos quedado en una oficina del Ayuntamiento de Turre para explicarnos los mil y un proyectos que tenía, a él le encantaba rodearse de gente joven y no parar de animarlos a luchar por sus sueños. Cogió su smartphone para enseñar unas fotos y yo tuve que captar aquellos dos bisturíes de carne y hueso, eran las mismas manos de Galeno, las manos del genio encarnadas delante nuestra. Él me miró al tomar la fotografía con cara de «no me estás atendiendo» y lo que pasaba era justamente lo contrario, lo atendía de más. Esa cabeza no paraba nunca y nosotros nos sorprendíamos, porque con Blas uno sabía cómo empezaba pero nunca cómo terminaba; es lo que pasa con las personas tan inteligentes, que o te paras a comprenderlos o te paras a aprenderlos, no hay otro camino.

Se nos ha ido por esta maldita pandemia y nos va costar comprenderlo, él aún quería darle más a Turre y, sobre todo, nos ha dejado huérfanos de tanta sabiduría. Su legado con la villa no es sólo el material, donó mucho a nuestro pueblo, no es sólo su obra y sus vidrieras que quedarán ahí para siempre, alumbrando a las generaciones de turreros y turreras que vendrán, sin saber que ahí se dan la mano la visión científica y la teológica, como tantas veces le ocurrió en su oficio. Su legado es precisamente esa bella metáfora de quien tanta alegría trajo al mundo, quien tanta luz nos regaló sin pedir más a cambio.

Quien pudo sumergirse en el personaje sabrá que uno de sus mayores orgullos fue traer la reproducción asistida a nuestra tierra, ser uno de esos pioneros andaluces que luchó por la evolución de su ciencia. Cuando te lo explicaba sabías que él cerró su cuadratura del círculo ahí, alguien que venía de una familia tan larga de médicos se sintió completo en aquel instante, y luego ejerció su obra y gracia en el mundo con el mayor de los orgullos.

Blas Carrillo. / G. A.

Las calles de Turre ya no serán las mismas, ya no te encontrarás a esa suerte de Quijote del siglo XXI un domingo en cualquier esquina, analizando una mampostería o un perfil arquitectónico que podría regalar el horizonte. A mí siempre me decía: «Ginesico tú escribe, pero escribe como haces fotografías, sólo cuando tengas que contar algo». Hoy yo cuento a un gran hombre que, por desgracia, se nos ha ido para siempre, y deseo que al menos queden ahí sus manos para dar testimonio de tanta belleza en vida. Es mi mejor manera de explicarlo.

Ojalá todos seamos profetas en nuestra cuna como don Blas Carrillo López lo ha sido en la suya. Que la tierra te sea leve compañero.