La promoción ‘atómica’ se reencuentra 50 años después

Conmemoran el medio siglo del curso 1965/66 del instituto de Cuevas en una jornada que ‘explota’ cargada de emociones y ‘presentes’

Jennifer Simón

Lunes, 29 de agosto 2016, 06:37

Mil historias que contarse, a pesar del poco tiempo para reencontrarse y el mucho pasado. Momentos de recuerdos y de mucha emoción, a algunos de ellos se les reavivó la llama de la vida viendo de nuevo a quienes fueron amigos y compañeros de uno de los tramos más impetuosos, ilusionantes y mágicos de la existencia humana, la adolescencia, esa juventud niña que experimenta con nuevas sensaciones, con ganas de comerse el mundo, con amoríos inolvidables, cargados de sueños y pasión.

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Aunque dicen que no hay que mirar al pasado, lo cierto es que, en ocasiones, como en la que vivieron los antiguos alumnos del instituto de Cuevas del Almanzora, tras 50 años desde que abandonaran sus aulas, es increíblemente especial revivir esos tiempos en los que uno era el mismo, en esencia, pero ya no el mismo en circunstancias ni en experiencia.

El alma mater de la brillante idea de reunir, medio siglo después, a la promoción atómica como él la llama, fue Pedro Perales, un cuevano inquieto, maestro, querido y conocido. Esa promoción, la del 65/66 coincidió con el episodio que puso a Cuevas en el centro de toda la prensa internacional, y ahora, se reunía ese 4º curso del que era entonces el I.N.E.M (Instituto Nacional de Enseñanza Media) de Cuevas. Una vez puesto todo en marcha, (Perales comenzó a localizar a aquellos 39 alumnos de su clase en julio de 2015), se unieron el resto de cursos pero para celebrar el 50 aniversario del traslado del Convento al nuevo edificio, puesto que sus respectivas promociones cumplían 49 (los de 3º), 48 (los de 2º) o 47 años (los de 1º).

Formada la comisión organizadora (compuesta por Tomás Ruiz García, Ildefonso Berzosa Sánchez, Miguel Díaz Martínez y Antonio Campoy Molina, además de Perales), el pasado 6 de agosto, 140 alumnos y 50 acompañantes se reunieron en Cuevas «en una jornada memorable que ha dejado en la totalidad de los asistentes una huella indeleble», aseguró Perales.

Y es que el reencuentro no pudo ser más agradable ni más completo. La primera pregunta que surge ante tal evento sería, ¿y cómo reconocer en una persona de unos 65 años al chaval de 13 o 14 que fue?. Una pegatina con una pequeña fotografía con el joven de ayer puesta en el pecho o en la manga permitía vincular a la persona de hoy con aquel adolescente sin tener que recurrir a preguntar quién era quién. Y a partir de ahí, los reconocimientos y el fluir de mil y un recuerdos compartidos, del recuperar el vínculo que les unió para regresar por un día a esa olvidada juventud gastada por el devenir continuo e ininterrumpido de la vida.

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Y a partir de ahí a continuar esa jornada tan especial. Los alumnos volvieron a sentarse en los pupitres de las aulas que les acogieron en el instituto, descubrieron después una placa conmemorativa en el centro del 50 aniversario de la promoción de alumnos del curso 1965/66, acto que fue ejecutado por un profesor y una profesora de aquel año y se apuntaron a una visita guiada por Cuevas, y algunos de sus lugares más emblemáticos, de la mano de Pedro y también del cronista oficial del municipio, Enrique Fernández Bolea.

La bomba ye-ye y un himno

«La actuación estrella, o plato fuerte, que supuso una agradable, nostálgica y emotiva sorpresa, fue la interpretación de la canción La bomba ye-yé, cuya letra había sido compuesta en 1966 con motivo del fatídico accidente nuclear de Palomares por un grupo de alumnos y alumnas de aquel curso, y que nos sorprendieron con la bonita ocurrencia de volver a interpretarla cuatro de ellos sin que nadie tuviera la más mínima sospecha de que esto iba a suceder. Esta canción, con la misma música de La chica ye-yé, se hizo famosa en todo el mundo a través de las televisiones», explicó Perales.

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Y ese fue el acto improvisado, pero realmente, el encuentro se había estado preparando durante mucho tiempo con cariño y esmero y no faltó absolutamente de nada. Hubo comida, hubo bienvenida en el Teatro Echegaray, hubo baile, hubo regalos (un volumen de la Obras Completas de Sotomayor, cuya edición corrió a cargo de Perales, y una placa en piedra natural con los escudos de armas de los dos primeros apellidos de cada alumno que fue confeccionada por la Escuela de Mármol de Andalucía, cuyo director es el alumno de este curso Miguel Morilla), y algo también muy especial, «la proyección de un audiovisual con imágenes de los alumnos y de los diferentes municipios desde los que acudían al instituto. En este audiovisual tuvimos la oportunidad de contemplar gran cantidad de nostálgicas y emotivas imágenes que fueron el delirio de la totalidad de los asistentes, con secuencias comparativas de las caras de hace cincuenta años y las actuales, con grupos de alumnos y profesores de la época y de grupos actuales. Acompañando al vídeo, como música de fondo, se estrenó el himno oficial del 50 aniversario, con letra y música de Antonio Campoy Molina y la grabación por el grupo cuevano Cartum Group», señaló el docente cuevano.

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