Villa Anita: Nacida en plata y envuelta en arte

Villa Anita o Casa García Alix hoy día.
Villa Anita o Casa García Alix hoy día. / J.S.C.
  • Esta emblemática casa del siglo XIX volverá a abrir sus puertas para aspirar a ser centro artístico, cultural y arquitectónico de la comarca

  • Una nueva 'vida' para el palacete cuevano de García Alix

Ella continúa ahí. Imponente. Más de un siglo lleva ocupando un lugar privilegiado en Cuevas. Antes sola, ahora acompañada. Antes cercada, ahora viendo pasar a niños y mayores por delante de sus puertas, por debajo de sus soportales, corriendo sus escaleras de entrada, en primera línea del Belén cada Navidad, y de un sinfín de actividades que desfilan por la avenida Barcelona de la localidad.

Sus vecinos la conocen y muchísimos la admiran, algunos sienten curiosidad por saber qué guarda en sus entrañas. Guarda historia, mucha, y seguro algo quedará, aunque sea en esencia invisible, del lujo y el cariño con los que se construyó. Ahora, además, abre para acoger arte, y para que su pueblo sea testigo de que sigue estando viva. Villa Anita tiene una segunda oportunidad, y Cuevas también. El palacete de García Alix, respirará de nuevo, y su interior latirá al son de una nueva esperanza tras décadas cerrado. Eduardo Roca será el artista que reabra, como ya hiciera en el intento fallido de 2008, la posibilidad de que Villa Anita resurja del 'coma' cultural y patrimonial y se erija como el símbolo que es de la historia de la ciudad de la plata. Cuevas recuperaría así una importante parte de su vida, para sus vecinos de hoy, de ayer, y del mañana. Esta vez Roca estará acompañado de Adele Razkövi, dos artistas que mediante la pintura y la escultura han alcanzado un elevado nivel de reconocimiento, pues sus obras han recorrido medio mundo (Cuba, Austria, Alemania.). Ambos expondrán en este palacete del XIX hasta el próximo 22 de abril, comisariados por Sa Pleta Freda (la galería de arte de Servera) y Francisco Javier Fernández Espinosa. Esta muestra significa para Cuevas un primer paso hacia la conversión de un símbolo de la época más dorada (o plateada) de su historia en galería de arte, en importante lugar de encuentro cultural, y así también en digno homenaje a un lugar y una memoria colectiva que necesita ser puesta en valor, enseñada, recordada, valorada, difundida, honrada.

La historia de Villa Anita no es sólo la de la muestra de cómo los nuevos ricos de las explotaciones de las minas ensalzaban su poderío con grandes palacios de los que Cuevas está salpicada por toda su trama urbanística del casco histórico, es también la muestra del amor de un marido a su esposa, de un padre a una hija, y años más tarde, la suerte de un flechazo: el que hizo que Miquel Servera, importante galerista mallorquín se enamorara de aquella casa, cargada de belleza e historia, y la adquiriera a los biznietos de Ana Manuela Soler, tras 20 años deshabitada y 13 en venta. Su objetivo era devolverle su esplendor, el que todavía desprende ese enigmático mirador de coloridas cristaleras, esos imponentes soportales, esas majestuosas escaleras a la entrada, ese patio cargado de naturaleza, y ese olor a lujosas lámparas, a bailes entre licores y dulces, risas y fiestas con la alegría de la bonanza de aquellos tiempos.

Lo recordaba con detalle el cronista oficial de Cuevas, Enrique Fernández Bolea, haciendo alusión a la buena nueva de su reapertura. Explicó las raíces del nacimiento de este palacete, que aparecía en las crónicas de la época como Hotel Granito (sabiéndose que un hotel entonces no era lo que conocemos ahora, entonces hacía referencia a una «casa más o menos aislada de las colindantes y habitada por una sola familia») en el que moraron Antonio Soler y su esposa, su hija Ana Manuela y después también su marido Carlos García Alix. «El Hotel Granito, Villa Anita o Casa de García Alix, como es comúnmente conocido, constituye para los habitantes de esta antigua villa un motivo más de privilegio y, al mismo tiempo, de orgullo. Su sola existencia, ciento veinte años después de su construcción, nos enriquece como comunidad, nos define como pueblo conservador de su patrimonio; y a ello debemos seguir contribuyendo, apoyando como municipio a quien ha tenido la sensibilidad de rescatarlo del abandono y ahora pretende ofrecérnoslo para nuestro disfrute. Que el latido de la historia, que ese halo de existencias pasadas, sea el mejor sustento para que este centro de cultura y arte reinicie su andadura cargado de porvenir"» apostilla Fernández Bolea.

Una década y esperanza

«El galerista Miquel Servera, ex director de la Fundación Pilar y Joan Miró, acaba de restaurar un palacete del siglo XIX en Cuevas heredero de aquel esplendor minero. Villa Anita, nombre del caserío, se convierte así en centro neurálgico de la cultura en la comarca». Es lo que decía un artículo de El País en el año 2008, recién inaugurada la exposición de Eduardo Roca bajo el título 'Un viaje incierto' (del que luego explica Servera el porqué) con el objetivo de convertir en galería de arte y centro neurálgico de importancia internacional a Villa Anita. Aquello no fue posible, pero Servera explicó porqué su empeño a este rotativo de tirada nacional. "»El título alude también a la excursión que realicé con Roca, que es un fuera de serie, desde el Cortijo del Fraile, que inspiró a García Lorca a escribir Bodas de sangre. El pintor y yo anduvimos por el Cabo de Gata y continuamos hasta Cuevas, donde yo le enseñé las minas. Un día en esta tierra se podrá hacer turismo de minas porque la Sierra Almagrera está hueca, con galerías de más de cinco kilómetros. Hicimos pues un viaje al pasado y llegamos a la casa, exponente de la minería. Sería una pena que hoy no existiera», decía el galerista.

Fue en 2003 cuando Servera adquirió esta casa. En 2008, una vez restaurada, porque cinco años antes estaba a punto de venirse abajo, inició el camino hacia su conversión en galería de arte. No pudo ser entonces, pero puede que sea ahora, ya que hace un año, el Ayuntamiento mantuvo una reunión con el propietario de este joya para emprender caminos de colaboración que permitan culminar en una fórmula de uso de la villa satisfactoria tanto para el aspecto público como el privado. Convertir este inmueble en punto de encuentro para disfrute de todos es una de las metas.

Ella. Villa Anita, espera, mientras parece invitar de forma silencia y continuamente a visitarla, a descubrirla, llamando la atención de los que están acostumbrados a encontrársela a diario, y también de aquellos que pasan por primera vez por su lado, para sentir en su interior lo que fue la historia, y desprender el arte que ya se atisba tan solo con mirarla.

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