Mojácar, Talibán
En los últimos tiempos y por desgracia para la imagen exterior de pueblo emblema del Levante Almeriense, cada vez que aparece el nombre de Mojácar lo hace acompañado de la palabra "prohibe", Mojácar prohibe esto, Mojácar prohibirle lo otro.
Eduardo Sánchez
Martes, 10 de mayo 2016, 10:10
Los que lo vemos esto desde la cercanía geográfica quizás nos formemos una imagen más real de lo que pasa, pero el problema reside en la que estamos exportando al exterior que da mas la sensación de un municipio talibán o por lo menos gobernado por talibanes.
Las noticias publicadas a propósito de la reciente Ordenanza de Ruidos, están llenado la prensa nacional e internacional de artículos que muestran a una Mojácar surrealista que prohibe llevar tacones en casa, la música, beber de pie o jugar al dominó solo por poner algunos ejemplos. Estas noticias pueden equiparse perfectamente a las noticias que nos llegan desde Afganistán que describen las nuevas normas que imponen estos señores tribales cuando van conquistando lugares; al llegar prohiben la música, el cine, el teatro, y en general cualquier actividad que tenga un viso de ser lúdica..
Obviamente todos sabemos que esta similitud no es del todo precisa y que entre ambos casos residen dos importantes diferencias, una que el municipio de Mojácar esta enclavado en un país democrático que salvaguarda derechos fundamentales tales como el derecho de reunión y del uso de los espacios públicos y otra no menos importante es que en Afganistán no se encuentran municipios turísticos como el de Mojácar pues lo mismo de ser así hasta las férreas autoridades talibanes dieran su brazo a torcer a cambio de cierto desarrollo económico.
A la vista de esta ordenanza da la impresión que la alcaldesa quiere convertir el ambiente de Mojácar a algo mas parecido al de un cementerio que el de un municipio turístico y yo me pregunto si esto esta dentro de los intereses del pueblo. Me pregunto si no es normal que en verano todo municipio turístico debe tener cierto bullicio o por le contrario debe poner todos sus esfuerzos en proponer un modelo de turismo de meditación zen donde solo impere el silencio y esto tampoco estaría mal si con ellos consiguiéramos que nuestros hoteles y restaurantes se llenaran de estos turistas, pero lo realista es pensar que a día de hoy quien viene Mojácar no viene buscando esto.
Dentro de la imagen que ha proyectado el pueblo tradicionalmente además de sus playas y de su entorno natural ha sido el de un cierto ambiente cultural y musical llamémosle «alternativo» que ofrece algo diferente al sol y la playa, que por cierto debemos destacar que este pueblo no es el único en la costa mediterránea que se encuentra bajo el sol y bañado por el mar. Y puesto que la únicas alternativas culturales que ofrece el Ayuntamiento de la localidad es alguna traída de tunos y alguna masiva llegada de adolescentes, justo es en mi opinión que se permita al sector privado ofertar alternativas de calidad al ocio mojaquero.
En algo coincido con la Alcaldesa, los ruidos indeseables se han convertido en un importante problema para el municipio y esto altera su adecuada imagen, y en lo que esta claro que diferimos es en la forma de solucionar el problema; no se pueden confundir las partes con el todo, ya que sabemos que los causantes de esta problemática son unos pocos negocios que se pueden contar con el dedo de una mano mientras que la mayoría de los hosteleros son responsables en el desarrollo de sus actividades, por tanto y para la solución del problema se hace imprescindible que se señalen quienes son los causantes y no se trate a justos por pecadores.
La solución desde el punto de vista de este humilde escribiente, pasa por la negociación entre las partes para finalmente hacer un frente común contra los verdaderos causantes de esta incomoda situación, y para esto no queda mas remedio que sentarse a hablar.
De lo contrario el modelo de turismo de Mojácar puede quedar seriamente amenazado en unos momentos que por la realidad económica del país no da lugar a experimentos totalitarios, pues todos sabemos que de la adecuada administración de la imagen de Mojácar depende el pan, de este verano y el de futuros años de miles de personas, no solo en el municipio sino en toda la comarca. Por eso creo que no es descabellado pedir que aunque sea solo por una vez todos los interesados en la solución del problema trabajen juntos, pues nuestras economías y nuestras vidas dependen de una solución optima del problema.
La prohibición es el camino más fácil, sobre todo para los que no tienen otros recursos, pero no es necesariamente es el mejor, no estaría mal que por una vez se exploraran otras vías.
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